sábado, 13 de marzo de 2021

Corvina

 

Contemplo sus manos rojas, cubiertas por entero de sangre. El jergón, su faldas y las mangas estaban empapadas. A pesar de sus esfuerzos no pudo salvarle la vida, la herida en la cabeza había resultado fatal.

 Dentro de la tienda los demás la miraron expectantes. Fuera de las lonas de campaña se escuchaba el fragor de la batalla. Los escuderos que habían traído a su moribundo señor sollozaban en silencio. El principal brigadier sostenía la bandera blanca de rendición. Corvinia se la arranco con violencia para frotarse las manos con ella.

- Quitadle la armadura a vuestro señor.- Ordeno con firmeza a los presentes. Nadie se movió. Vio en los asustados rostros la comprensión de lo que pretendía hacer y las dudas que suscitaba. Los ojos de Corvina relampaguearon. – Mi marido no se rindió y no seré yo quien lo haga. Podéis ayudarme o ser unas ratas asquerosas.

Corvina alzo el espadón de su marido con la misma facilidad con la que él la blandía en vida.

- Voy a salir allí fuera y vamos a ganar esta batalla.  Perder o rendirse seria deshonrar a todos los que han dado su vida por nuestra causa.

Momentos después estaba vestida de acero encaminándose con decisión al frente de la batalla.

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